‘I was a prisoner in my home’: Drug gangs ‘cuckooing’ hundreds of homes a week, police warn
Fui prisionero en mi casa: Grupo de droga ‘cuckooing’ afecta cientos de hogares semanalmente, alertan autoridades
I was a prisoner in my home – “Fui prisionero en mi propia casa” es una frase que resonó con fuerza en las redes sociales tras la exposición de un fenómeno alarmante: el ‘cuckooing’ llevado a cabo por grupos de droga. Según informes recientes, en el Reino Unido, cientos, o incluso miles, de viviendas son ocupadas semanalmente por delincuentes que las convierten en espacios de operaciones ilegales. Este método, conocido como ‘cuckooing’, tiende a afectar a personas en situación de vulnerabilidad, como adultos mayores o individuos con discapacidades, quienes son obligados a alojar a criminales sin su consentimiento. La situación se vuelve especialmente cruda cuando las víctimas son forzadas a participar en actos de chantaje o opresión.
El fenómeno del ‘cuckooing’
El término ‘cuckooing’ se originó en la manera en que los cuclones ocupan nidos de otras aves para depositar sus huevos. En el contexto de la delincuencia, este proceso se utiliza para que los criminales instalen sus operaciones en casas sin que los propietarios se den cuenta. Los datos exclusivos proporcionados a la BBC revelan que, en Londres, se reportaron 1.539 casos entre mayo de 2025 y abril de 2026. El 79,4% de estas víctimas eran hombres, lo que destaca la prevalencia del fenómeno en personas de género masculino. Aunque aún no es un delito definido, el gobierno está trabajando para incluirlo en la Ley de Delincuencia y Policía de 2026, con penas máximas de cinco años de prisión.
Este tipo de práctica no solo implica el control de espacios físicos, sino también el abuso psicológico de las víctimas. En muchos casos, los usuarios de drogas son utilizados como ‘prisioneros en sus propios hogares’ por bandas que se aprovechan de su situación económica o social. Las autoridades alertan que la naturaleza oculta de esta actividad dificulta su detección, ya que se desarrolla en entornos cotidianos y a menudo pasa desapercibido por la familia o vecinos.
Testimonio de Jamie: “Mi casa se convirtió en una cárcel”
Jamie, un hombre de 34 años con daño cerebral, relató cómo su vida se volvió un infierno tras ser victima del ‘cuckooing’. “Las personas que antes eran amables se convirtieron en criminales que se llevaban lo que podían. Robaron mis ropas, y cuando me di cuenta, negaron haberlo hecho”, explicó. Uno de los momentos más traumáticos fue ser azotado por un adolescente, quien era mucho más joven que él. “Me sentía impotente, como si estuviera atrapado en mi propia casa, sin posibilidad de escapar”, afirmó. El caso de Jamie fue analizado durante una operación de la Metropolitana de Londres que se centró en ‘county lines’, un sistema de transporte de drogas desde ciudades hacia zonas rurales.
Las autoridades destacaron que este fenómeno no solo afecta a individuos, sino también a comunidades enteras. Las víctimas, a menudo desprotegidas por su condición física o mental, pueden ser manipuladas para no denunciar la situación. La Metropolitana, junto con la BBC, observó condiciones de hacinamiento y desorden en varios hogares, evidenciando cómo los delincuentes convierten casas en espacios de control y opresión. La frase “fui prisionero en mi casa” se repitió con frecuencia en testimonios, resaltando la sensación de claustrofobia y falta de libertad que experimentan las personas involucradas.
Testimonio de Jackie: “Una cárcel en mi hogar”
Jackie, exadicte de heroína y cocaína, describió su experiencia como una prisión en su propia casa. “Mi distribuidor me dejó acumular una deuda considerable y, cuando no podía pagar, aumentó el monto en 2.000 libras. Me exigió tener un vendedor en mi vivienda hasta que la solventara”, señaló. Durante meses, permaneció atrapada en su dormitorio, sin poder acceder a otras áreas de la casa. “Intentaba llegar a la sala o la cocina, pero él me decía ‘no puedes entrar’”, agregó. Aunque ofrecía comidas ocasionalmente, era raro que se cumpliera realmente.
Jackie logró escapar tras sospechar que la policía lo vigilaba, lo que la motivó a buscar ayuda. Su testimonio muestra cómo el ‘cuckooing’ no solo se basa en la fuerza física, sino también en el miedo a represalias. La frase “fui prisionero en mi casa” se volvió un símbolo de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran muchos afectados. Las autoridades instan a la sociedad a estar alerta, ya que este fenómeno puede afectar a cualquier persona, incluso a quienes no tienen historial de consumo de drogas.
